ARTÍCULO DE OPINIÓN
Reflejos del proceso de inclusión de
la mujer en el actual sistema educativo colombiano
No cabe duda
que la reivindicación de la mujer colombiana sea un hecho que ha cobrado gran
importancia, así en el ámbito político como igualmente en el académico. La reivindicación de los derechos de
la mujer necesariamente tenía que transcurrir por el campo político, en el que
ha incidido de varios modos: en los cargos de representación, ajustes
legislativos, o con su presencia en la opinión pública. La problemática de las
luchas de género en Colombia ha venido tomando mucha importancia, y ha sido
visibilizada en foros, en cátedras y en la creación de estudios de posgrados
para investigar sobre el tema.
Este proceso
de inclusión de la mujer deviene de sus luchas por la igualdad, que paulatinamente
a través del tiempo conllevaron a ser incluida de manera activa en el sistema
educativo.
El
análisis de datos históricos muestra que a la mujer colombiana no le ha sido
fácil alcanzar el reconocimiento actual de sus
derechos y entre ellos la equidad de género en los aspectos educativos, si bien para la época
del gobierno del General Santander en 1834 que tuvo como propósito obtener un cubrimiento total de la
educación en el territorio, aún cuando por un lado el número de estudiantes
aumentó, por otro, se incremento también la desigualdad entre hombres y mujeres
en las escuelas: por cada ocho colegios, sólo uno estaba destinado para la
educación femenina. Por esa época se
fundó el Colegio La Merced, para mejorar calidad de la
educación de la mujer. Mas adelante, en 1872 se funda la primera Normal
Nacional de Señoritas, a partir de ahí la mujer colombiana tuvo la opción de
ser incluida laboralmente, tanto en la educación como en la administración
educativa. Posteriormente,
con la Ley 39 de 1903
se implementa el régimen orgánico de la educación y, se crean normales para
mujeres en cada capital de departamento. Para 1927 se funda el Instituto Pedagógico Nacional para
señoritas, y desde 1933 se otorga el título de Bachiller a la mujer colombiana,
continuando aún las diferencias entre los programas masculinos y femeninos. (Datos tomados del Módulo de Contextos
políticos y educativos en Latinoamérica, UNAD 2012).
De otra parte, las mujeres
en Colombia ejercen el ejercicio del derecho al voto desde hace 55 años. El
Acto Legislativo No 3 de 25 de agosto de 1954 le otorgó a la mujer el derecho
de sufragar y con base en esta norma un millón 835.255 mujeres ejercieron su
derecho al voto el 1 de diciembre de 1957, en el Plebiscito Nacional acordado
por la Junta Militar de Gobierno a petición de los dos partidos tradicionales
del país, en donde aprobó que “las mujeres tendrían los mismos derechos
políticos que los varones”. En el año 1958 las mujeres
colombianas pudieron ser elegidas por cuerpos colegiados de representación
política y el promedio general de participación política de las mujeres entre
1958 y 1974 fue de 6.79 por ciento.
Junto a esto, desde que la mujer en Colombia ejerce su derecho al voto,
y cada vez participa con mayor presencia en cargos políticos, administrativos,
y de encontrarse en la educación media y
superior, aún todavía su participación no es equitativa en el mundo laboral.
Las mujeres en Colombia ganaban 18,1 por ciento
menos que los hombres en el primer trimestre del 2011. Refiriéndose a esta materia
el presidente Juan Manuel santos dijo el 28 de dic. 2011 desde la casa de
huéspedes ilustres en Cartagena: “Las mujeres deben ganar los mismo que los
hombres cuando tengan el mismo nivel de trabajo. Con la firma de esta Ley se
eliminará la discriminación a la mujer en materia salarial” (ley 1496 de 29 de dic. 2011).
Más la diferencia salarial llegó a un 20,2 % un
año después, según informes de la dirección del DANE. Pero aún cuando las
mujeres obtienen más escolaridad que su contraparte masculina, esta brecha aún
sigue a favor de los hombres en todos los niveles de formación académica.
Con el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres (Constitución
Política de Colombia de 1991 artículos 13 y 43), las mujeres tienen
hoy los mismos derechos, deberes y obligaciones ciudadanos, pero las condiciones sociales y
políticas de la mujer en Colombia son aún precarias.
Aunque con la ley 1496 de
29 de dic. 2011 se pretende acabar la discriminación salarial de género y el
artículo 143 del código sustantivo del trabajo dispone que, a un
trabajo desempeñado en un puesto, jornada y condiciones de eficiencia iguales,
debe corresponderle un salario igual. Y que también el mismo artículo establece
que en cuestión de salarios, no debe establecerse una diferencia por razones de
edad, sexo, nacionalidad, raza, religión, opinión política o actividades
sindicales.
Con todo lo anterior, la mujer en Colombia sin embargo, sigue
siendo víctima de violencia, porque no es tratada con justicia en el mundo
laboral.
De los países del mundo donde son más
notorias las brechas salariales, Colombia es uno de ellos, razón esta por la
que ocupamos en el año 2012 el puesto 94 entre 135 países con respecto
a la equidad salarial en trabajos similares, con un promedio en los hogares colombianos en que
una mujer gana 13.5% menos que los hombres
De hecho, las ideas atávicas comúnmente establecidas acerca del
trabajo en mujeres y hombres son un factor relevante en la duración y
reproducción de las diferentes maneras en que se presenta las discriminaciones
que afectan a las mujeres tanto en América Latina como en Colombia, a pesar de
un pequeño mejoramiento registrado en la región en este sentido por indicadores
relacionados con la inserción laboral femenina, entre estos la reducción de
algunas de las brechas de equidad en referencia a los hombres, estas imágenes
de género, que generalmente tienden a desvalorizar a la mujer en lo laboral,
siguen presentando una recurrencia importante.
En América Latina es muy frecuente la idea de que las diferencias
de remuneración de las mujeres con relación a los hombres obedecerían a la
necesidad de retribuir los mayores costos que deberían enfrentar las empresas
para contratar a las mujeres, esto vendría de normatividades protectoras
especiales, estipuladas en las legislaciones laborales, en lo que se refiere
principalmente a la maternidad y al cuidado infantil. Otra de las ideas es una
menor disponibilidad respecto al hombre para trabajar horas extras o en turnos,
viajar o capacitarse.
Con objeto de producir
cifras y datos objetivos acerca de los mencionados costos, la OIT efectuó,
entre 2000 y 2001, una investigación en 5 países de la región (Argentina,
Brasil, Chile, México y Uruguay). Los resultados de la investigación indican que
los costos monetarios directos para el empleador asociado a la contratación de
una mujer son muy reducidos: representan menos del 2% de la remuneración bruta
mensual de las mujeres.
Por contraste, la mayor
educación de mujeres no disminuye brecha salarial en Latinoamérica, precisamente
en la lucha contra la desigualdad salarial entre ambos sexos fue tema central
en el seminario "Igual pago por trabajo de igual valor", que la
Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebró en 2007 en Santiago de
Chile, se analizaron las políticas aplicadas por países como Canadá, Suecia,
España y Francia para reducir estas diferencias salariales, así como los
desafíos que en esta materia enfrenta América latina, donde las mayores brechas
salariales entre hombres y mujeres en la región se registran en Guatemala
(58%), Perú (61%), México (63%), Bolivia (63%) y Brasil (67%) países donde más
se nota la discriminación salarial de género., en tanto que los datos del
Panorama Social 2007 de la CEPAL indican que en el Gran Buenos Aires este
porcentaje es del 65% y en Asunción del 58%.
De los
datos del Panorama Social 2007 de la Comisión Económica para América Latina,
(CEPAL), se extrae la conclusión de que los mayores niveles de educación
alcanzados por las mujeres latinoamericanas no han contribuido a disminuir la
brecha salarial con los hombres, sino que, por el contrario, las diferencias
salariales entre sexos son mayores en los grupos sociales con más años de
instrucción.
En este
ámbito, los porcentajes de doctorandos hombres y mujeres en Colombia según la
información encontrada al respecto, muestra que
la participación por géneros le da ventaja a los hombres en este ciclo
formativo, con un promedio del 72% de los 345 doctorados que existió en el año
2000, por una razón fundamental, los hombres como lo manifestara la trabajadora
social y profesora universitaria María Himelda Ramírez cuentan con las mejores
jerarquías laborales.
El promedio de doctorados ha presentado un leve
incremento en nuestro país, aunque el nivel sigue estando rezagado en
comparación con otros como Brasil, donde en el año 2008 se graduaron 11.000
doctores, en Colombia existió una marcada diferencia debido a que la cifra solo
alcanzó a 100.
Un dato alentador respecto al incremento en esta
clase de títulos es que según el Observatorio Laboral para la Educación (OLE) sistema
de información del Ministerio de Educación Nacional, desde
2001 al 2010 se entregaron más títulos que los cuarenta años anteriores. El Ministerio de Educación Nacional presento al
país los resultados obtenidos por el Observatorio Laboral para la Educación
sobre las condiciones laborales de los graduados de la educación superior entre el 2002 y el 2011. Al desagregar la información por sexo,
se encuentra que las mujeres ganan en promedio 14,8% menos que los hombres,
esta brecha se disminuyó en 1,4 puntos porcentuales con respecto a la de los
graduados 2010.
Se concluye que es previsible un mejoramiento gradual de las condiciones
de justicia y equidad para la mujer, por razón que en todos los ámbitos se
observa el incremento en la responsabilidad política y social y dedicación en
la comunidad, tanto internacional como nacional, para asegurar a la mujer la
real valoración de sus derechos.
Grupo 551047_31
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